Parémonos a pensar
Porque ni te entiendo a ti, ni me entiendo a mi.
Supongo que debe ser por la novedad de la situación; vivir por primera vez una situación así me hace darme cuenta de la poca experiencia que tengo en este campo a mi edad.
Hace un mes irrumpiste en mi vida. Es poco dirás. Sí, lo es. Pero por mucho que he intentado que las cosas sucedieran despacio, los hechos se han ido pisando los talones.
Más bien tengo la sensación de que empezamos al revés. Con tres miradas y un jugueteo de manos en menos de un minuto, tuvimos suficiente para pasar juntos toda la noche y no querer que se hiciera de día. Dos días se hicieron demasiado largos sin vernos, no te lo pensaste dos veces a venir a pasar otra noche conmigo. Y dos días después, arrancamos 15 minutos de nuestras agendas para compartir aunque fueran 100 metros de recorrido hasta el tren.
Y entonces, el viernes me dejaste esperando una llamada que anunciara tu llegada, tal y como habíamos quedado. Ciertamente ese sábado salí convencida de pasar de de ti, pero lo arreglaste respondiendo a mi perdida a las 5 de la mañana para comprobar si estaba bien. Muy bien, todo el mundo se equivoca, todos nos emborrachamos y nos olvidamos de llamar a alguien; reconozco que no fue para tanto. Simplemente es algo que me molesta muchísimo que me hagan. Pero no puedo resistirme a tu ojitos si me pides perdón.
Así que vuelta a empezar, siguen las conversaciones de largas horas en el mesenger, y volvemos a conseguir unos minutos entre semana que, como no, saben a poco.
Y entonces, oh! sorpresa! Mis padres anuncian que se van de viaje improvisado, así que tenemos la casa libre. Pero ya tienes tus planes familiares. Me mosqueo, pero bueno, son cosas planificadas con tiempo, no las puedes cambiar. Así que reducimos las esperanzas a que llegues a una hora razonable el sábado y puedas venir. Y entonces el destino te gasta una de esas bromas pesadas que tanto le gustan. Un accidente de coche y no puedes ir al acto programado. Superada la preocupación, vemos la luz y sucumbimos a las ganas de cuidarte y de que te cuide; te vendré a buscar a tu casa.
No quepo en mi de gozo, así que me dirijo a mi destino previo, acto social al que ya me había comprometido a ir. Y entonces te desdices de nuevo. Vale, tienes fiebre... lo entiendo, sí... aunque yo preferiría estar contigo si tuviera fiebre y me cuidaras... Vale, sí, hace muy poco que nos conocemos, está bien, no corramos.
Al fin, el jueves nos vemos. Voy a tu casa, a ver cómo estás y cuidarte un poco. No mantenemos nuestra palabra y pasa lo que teníamos tantas ganas de que pasara. De hecho, consigues hacer salir esa faceta de mi que, hasta ahora, estaba medio escondida.
Y el fin de semana me ofrezco a hacerte compañía, ya que tus amigos irán a esa fiesta a la que tanto te apetecía ir y no puedes. Pero no, de nuevo tienes compromisos familiares. Y entiendo que tu familia te quiera ver, pero me empieza a tocar la moral. Por lo menos al principio expresabas desagrado por no poder quedar, ahora lo ves ya como algo normal.
Se acerca el próximo fin de semana, del que hemos hablado desde el primer día, pues mis padres no estarán en casa y podremos estar juntos sin tener que mirar el reloj. Y resulta que se te ha olvidado. Y me pregunto, ¿cómo lo haces para olvidarte si hace 4 días hablábamos de cuántos condones íbamos a comprar para este fin de semana?
Y es entonces cuando me empiezo a dar cuenta de que nuestras conversaciones ya no son como al principio, ya no me dices las ganas que tienes de hacerme de todo, ni que te gustaría estar conmigo en ese momento... ¿dónde ha quedado aquello de que lo que pasó el primer día no es algo normal en ti? Y me siento como una paranoica, creo que pienso demasiado. Al fin y al cabo, no habíamos establecido ningún tipo de compromiso ni relación. Y me parece bien, no busco compromiso por ahora, y menos con alguien a quien acabo de conocer. Pero me pregunto si soy la única que se está involucrando sentimentalmente, la única que no solo siente atracción sexual, sino también estímulo intelectual. Tal vez, para ti solo sea sexo. Y si es así, tampoco me importaría, si lo establecemos de mutuo acuerdo y antes de que mi cerebro decida dejarse llevar por el fantaseo. Pero entonces, ¿por qué cuando hablas das por hecho que esto va por largo, sin fecha de caducidad? Con lo que tu matizas siempre el vocabulario, no creo que lo digas por decir. Entonces, ¿qué es? ¿Estás tan perdido como yo? Porque yo lo estoy mucho. Tengo miedo a enamorarme de ti, y que para ti sea solo un juego. Tengo miedo de creer que me enamoro de ti, y enamorarme de la situación.
Y conforme escribo estas líneas me doy cuenta de lo que me pasa. Tengo miedo, sí, eso es lo que me pasa. Miedo dejarme llevar, a dejar pisar mi orgullo y que me dañen de nuevo.
Dime, ¿qué es lo que esperas de mi?


miedoallegar dijo
¡Me encanta! Me encanta la frescura con la que eres capaz de contar las cosas. La sencillez que las hace más (si se puede) elegantes. Es realmente bueno. Muy, muy bueno. No sé que esperan de ti, pero dime, ¿qué esperas de ti?
30 Septiembre 2009 | 09:26 PM